Sir Francis Drake, la Antártida y los 60 rugientes

 ººº (Sepan disculpar los puristas. Como diría Dolina: “un poco de pésima literatura”)ººº

Si algo nos quedo claro en los momentos previos al viaje, es que cuando manifestábamos nuestra intención de cruzar el Drake en velero, la gente con asombro nos preguntaba si estábamos seguros. Esa pregunta venia de muchos marinos que conocen y han navegado estas aguas. Aún recuerdo las caras de nuestro amigo de la tribu el CN Juan Carlos Zenteno, que fue Antártico en la Armada Argentina, y a quien visitamos en su cumpleaños 51 en Puerto Belgrano. Lamentablemente unos meses después, soltó amarras para navegar otras aguas. Desde la bahía de Telefon, lugar donde estoy escribiendo esto, espero que nos estes viendo y sigas moviendo la cabeza diciendo que estamos locos. ¡Porque tenías razón!


Siguiendo las ordenes que Sir Ernest Shackleston le dio a toda su tripulación del “Endurance”, acá también llevaremos un registro de los detalles diarios de la experiencia antártica.




Dia 15 de diciembre de 2021

En la mañana fuimos a la Prefectura naval para hacer el despacho del Atlantis y su tripulación. Salimos del edificio cerca del mediodía. Por suerte Roxana nos había dado las 4 planillas que se exigen localmente, además del rol y la matricula.

La ventana meteorológica para el día de la zarpada es buena para el cruce del Drake, pero la Salida del Canal de Beagle seria complicada. Con más fe y en contra de los pronosticado decidimos que en la madrugada del día 16 a las 3:00 am zarparíamos. No es que seamos madrugadores; esa era la hora del cambio de marea y con corriente hacia el este. El viento del Oeste también era favorable para tomar la salida.

Dia 16 de diciembre de 2021

Hora 03.00 am. Sopla 43 nudos del oeste. Claramente no es el momento de salir. Y posponemos la partida 12 horas donde el pronóstico si habla de mejores condiciones. 

Seguimos durmiendo y durante el día acomodamos cosas e hicimos orden interno.

A las 15 hs. cuando el viento estaba en los 20 nudos, informamos a la Prefectura por radio VHF, la intención de zarpar. Para nuestra sorpresa nos dicen que el puerto estaba cerrado, y que abrirían cuando mejoren las condiciones meteorológicas. Mas incertidumbre a todas las que ya cargábamos. 

A las 17 hs. con menos viento aún, puerto Williams (chile) anuncia por VHF la apertura de su puerto para todas las embarcaciones. 17:15 hs la PNA estaba haciendo lo propio. Nos dispusimos a Zarpar y 18.00 estábamos soltando las amarras.

El escaso viento del oeste hizo que tuviéramos que usar el motor en todo momento. Cerca de las 21hs el “buque de la armada Argentina, nos llama por VHF utilizando el nombre Atlantis. Era el nuevo patrullero oceánico Bouchard que nos daba alcance y nos anunciaba que nos sobrepasaba por estribor. Ellos sabían nuestro nombre porque lo transmitíamos por el AIS.

Dia 17 de diciembre de 2021

A las 00.00 hs tomo la guardia al Torry. Al poco tiempo escucho un llamado “securite” buque de la armada chilena inicia su navegación por el Paso McKinley. A los pocos minutos el VHF solicita identificación de embarcación dentro del paso McKinley con rumbo este desde el mismo buque chileno. Al segundo requerimiento sin ver nada en el AIS, caigo en cuenta que se refería a nosotros. Nos identificamos y acordamos el paso “verde con verde”. No obstante, siendo el cruce alejado, el operador de la armada chilena me interroga sobre si escuchamos el aviso de securite y porque no nos identificamos. ¿Sera que no tienen AIS? Le pedí disculpas y al finalizar la conversación un operador a la escucha en el canal 14 del VHF dice que las embarcaciones deportivas no tienen obligación de anunciar su paso…. Después de todo no somos la mole de los buques de pasajeros.

A las 02:00 aprox, en proximidad de la isla Snipe (chile), le solicito autorización al Alcamar local para hacer un paso inocente por el paso de Picton y Gore, ya que éramos un velero con destino a la Antártida. Como respuesta recibo aguarde unos minutos.

Hacer la navegación por ese lugar implica ahorro de tiempo para no demorarnos y poder cumplir la ventana meteorológica de buena condición de mar y tiempo, como también el ahorro de combustible. A los minutos se escucha “velero Atlantis debe continuar por el Canal de Beagle”. Mordiendo los dientes le digo comprendido.

Durante ese día llegamos al final del Beagle, al terminar la isla Nueva. Y luego con rumbo sur dejamos por estribor la Picton, Lennox, Wollastrom y el famoso Cabo de Hornos.

Sábado 18 de diciembre de 2021

Nos encuentra ya al sur del Cabo de Hornos y se vuelve a escuchar por VHF y en ingles un llamado a nuestra embarcación desde “Cape Horn Control”. Nuestro AIS nos ponía ya en el Pacifico. Le suministramos la información de puerto de origen, destino, cantidad de personas y ETA. Les deseamos una buena estadía, ya que una familia de un cabo de la armada chilena es la única población de la isla durante el período de un año en el cual lo destinan. Seguimos navegando en dirección sur, sin regalar nada de barlovento, pues nuestro pronóstico indicaba para el domingo fuertes a muy fuertes vientos desde el oeste.

Domingo 19 de diciembre de 2021

Para este día el pronostico nos alertaba de vientos muy fuertes del oeste y luego sud oeste, durante todo el día. La navegación trascurrió tranquila hasta eso de las 18 hs en donde comenzó a aumentar la intensidad de viento hasta los 43 nudos. En ese mismo momento, estando con el Torry entra un mensaje de Georgie diciendo. Les va a entrar 40 nudos del SO en un rato. Respuesta al mensaje: ya están acá. Recibimos estos vientos con trinquetilla y 4 manos de rizo. El mar se puso crespado con rizo y la ola de fondo aumento hasta una altura de 4 metros.  El espectáculo de ese mar era impresionante y a la vez intimidante…

La guardia transcurrió. El viento se sostuvo por unas 8 horas en el orden de los 30-35 nudos y en ese momento dejamos de guardar barlovento para poner rumbo directo al paso de Larrea. Por ese lugar es  por donde se ingresa al archipiélago de las Shetland del sur

Lunes 20 de diciembre de 2021

La condición de mar era buena, las olas eran del orden de los 2,5 mts. El viento siguió del SO apegando a nuestro través por el barlovento que habíamos guardado. El Atlantis demostró su condición marinera y de buen cobijo para sus tripulantes en todo momento. No obstante, todos estábamos medio cuidadosos con lo que se ingería para prevenir el mal de mar. Esta condición no lo incluyo al Torry que no se salteo ni una sola comida acompañada por el tinto de rigor.

Claramente con el descenso hacia el sur y el aumento de la latitud, los días cada vez se fueron haciendo mas largos. Con el Torry calculamos el momento del solsticio de diciembre y este seria cerca del mediodía. A las 13 horas local (16 UTC para ser mas precisos). El Atlantis seguía comiendo millas náuticas en el Drake y ya faltaban solo 100  para el pasaje Larrea y de ahí 40 mas para los famosos fuelles de Neptuno.

Los pronósticos nos anunciaban la entrada de una baja, con vientos muy fuertes con rachas de 50 nudos (temporal) para el 23 a la madrugada y este fenómeno estaría presente hasta el final del 24.

Ese mismo día habíamos pasado los 60 grados de latitud. Ya habíamos entrado en los rugientes, y con vaso y botella de whisky en mano realizamos todos los rituales de rigor. Por supuesto que el barco recibió sobre la cubierta su doble ración y a Sir Francis Drake le dimos su cuota correspondiente a modo de tributo por dejarnos pasar.

Martes 21 de enero de 2021

El tranco del Atlantis venia apurado a vela y motor para asegurar la entrada, antes de que ocurrieran los vendavales pronosticados. Las millas se fueron descontando una a una y justo en el momento del solsticio estábamos saliendo del Pasaje de Drake para ingresar al pasaje Larrea, situado entre la isla Smith al oeste y Levingstone y Nevada al este. Ya en las cartas náuticas de la PC y del plotter del barco se comenzaba a ver las figuras de tierra nuevamente.

Es obvio que esto trajo algo de disminución de la tensión, habíamos cruzado el Drake, y si bien en el trayecto intercambiamos comunicación radial con tres beques de pasajeros, el estar cerca isla Decepción, ya daba la impresión de que no íbamos a estar tan solos.

La derrota hasta la boca de pto. Foster (cráter del volcán que oficia de puerto) fue sin inconvenientes. Dejamos la Roca “vela” por babor y le guardamos el debido respeto a toda isobata menor de 40 metros. Las cartas náuticas en estas latitudes contienen muchos errores, sobre todo en cuanto a la latitud y longitud para cada punto. Esto lo pudimos comprobar al ingreso de los fuelles de Neptuno. En la carta de papel decía una cosa, la de la Pc marcaba otra longitud distinta y la del Plotter estaba aun mas corrida hacia el oeste. Esto hizo que tuviéramos que recurrir al GPS que Juan le había pedido cargar a Luis Campi del velero Antartikos. En el teníamos todos los WP y rutas de sus dos travesías antárticas. Siguiendo esos puntos ya nos sentíamos más seguros, y si bien habíamos leído todo lo referido a la isla en el derrotero y la condición de ingreso era buena, ver el Atlantis sobre la línea de otro que ya paso y bien era toda una garantía.

Miércoles 22 de enero de 2021


A las 00.30 hs. estábamos cruzando los fuelles de Neptuno (si ven el video sabran porque lo bautizaron asi). El consejo que habíamos recibido era, tratar de no entrar de noche. Pues bien, era ya pasado la medianoche y la claridad era aun como la de las 17 hs en invierno en Bs As.

El lugar donde nos guareceríamos de aquellos que se venia era en la otra punta del cráter. Poseíamos unos croquis de otros veleristas del mundo que habían estado ahí, y todos aconsejaban amarrar en Bahía Telefon, próximo a unos sacos en forma de trébol, que se formaron luego de la erupción de 1969 y que sumergió literalmente a la base chilena que se encontraba en ese lugar.

El saco mas recomendado era el del medio. Si bien era de reducidas dimensiones, nos ponía al socaire con un paredón de tierra y roca de unos 80 mts. Nos cubría perfectamente el 3º y 4º cuadrante de los vientos. El saco de la izquierda tiene poco calado y queda cerrado por la tierra en baja mar y el de la derecha si bien es más amplio y profundo esta más expuesto a los vientos. A las 3 de la mañana terminamos la maniobra de fondeo y tirado de los cabos a tierra. Luego de eso cenamos y brindamos por el lugar donde nos encontrábamos, dando las gracias a Dios y al universo, que permitieron nuestra presencia en Decepción. Sin más, y después de un día largo, nos fuimos a dormir.

Como no hubo “Diana” la salida de la bolsa de dormir fue pasado el mediodía, ya empezaban a sentirse vientos de 25 y 30 nudos. Una de nuestras amarras en la tierras se zafo de la roca. Juan con el Torry fueron a recolocarla, ante la mirada atenta de María Sara y mía. En un momento el viento mueve el gomón de la tierra al agua y este empieza a derivar lentamente. Ante nuestra advertencia se inicia una carrera desesperada de nuestros dos tripulantes terrestres y como era de suponer el Torry llego primero a la orilla. El gomón estaba cerca, pero ya aguas adentro y la boza de unos 10 metros de largo era lo que estaba más próximo. Poco a poco el Torry fue ingresando a las gélidas aguas, hasta que en un ultimo intento desesperado logra agarrar ese extremo de cabo. La cosa no le fue gratis. El agua le llego casi hasta el cuello.

Rápidamente retornaron. Se cambio de ropa nuestro héroe, y vimos como el viento iba subiendo en intensidad. Con más de 35 decíamos: imagínate lo que debe ser afuera.

Un rato antes de ese acontecimiento vimos que ingreso en el saco mas grande el Velero “Ocean Tramp” de Federico Guerrero, al cual saludamos por comunicación radial.

Nos fuimos a cenar con vientos aun crecientes y luego con alarma de fondo puesta nos metimos en la bolsa de dormir.

La violencia de esos vientos y las sacudidas del pobre Atlantis eran descomunales. Esa noche Juan y yo dormimos con el teléfono al lado, ya que hay una aplicación que nos muestra la pantalla del plotter. Todos estábamos atentos para ver si el barco se movía con esas sacudidas

Jueves 23 de diciembre de 2021


Este día transcurrió enteramente en el barco. No era para menos. Los gráficos del anemómetro mostraban en un lapso de 10 minutos una serie de serrucho que oscilaba de los 54-48 nudos hasta los 4-8 nudos de intensidad. Yo nunca había visto pasar en 30 segundo de 4 a 53 nudos. Hice capturas de pantalla para mostrar semejante violencia en el cambio a los amigos de la tribu y del club.  Fue impresionante también como se agarro el ancla y los sacudones del Atlantis cuando la catenaria de la cadena se estiraba y ya no había más recorrido por hacer. El “Ocean Tramp” durante la noche soltó el fondeo y se fue a otro lugar dentro del cráter un poco más reparado. La frase “imagínate lo que debe estar afuera” la repetíamos cada vez que el anemómetro y el rugido del viento aparecian.

Con semejante panorama, nos dedicamos a comer, leer y a reponer fuerzas dentro de la bolsa de dormir. El barco ya se sentía frio, por momentos, a pesar del abrigo que nos pusiéramos y el calentador de alcohol. A las 4 horas de su uso, hacia chillar las alarmas de monóxido de carbono, obligando a apagarlo y ventilar. El Webasto funciono de maravillas, pero consume gas oíl, que debemos cuidar para la vuelta.

Viernes 24 de diciembre de 2021.


Al despertarnos ya un poco tarde, dado que no había hora de levantada, notamos que el "Ocean Tramp" había recogido su fondeo abandonado con una boya, y había partido de Decepción. Nosotros también teníamos intención de hacer lo mismo, pero solo para mudarnos a la bahía de Balleneros. En este lugar están los restos de un antiguo asentamiento para la producción del aceite de este animal, en la época que en Europa se iluminaban las casa con este combustible. Tambien estaban las instalaciones abandonadas, y bastante venidas abajo, de una base británica.

Al momento de tratar de sacar el fondeo, quedamos varados en un banco en forma de lengua que se proyectaba hacia el centro. Esta no estaba en el croquis y nosotros ya la habíamos advertido. Fue imposible zafar la varadura, pues la marea seguía bajando. Como no había nada mas que hacer mas que esperar a que volviera a subir, decidimos desembarcar todos y caminar por la playa

La caminata duro un par de horas. El paisaje es imponente. Logramos apreciar en la costa de enfrente en la entrada a los sacos, focas de Weddell. Nos cruzamos por la playa con un par de pingüinos de barbijo y otros dos de pico rojo o también llamados de vincha. Por supuesto que fueron fotografiados a más que prudente distancia por la lente de la cámara de María Sara.

Yo aproveché, que ya el viento era nulo, e hice unas fotos aéreas para registrar la costa y la forma de esos sacos. Tratar de ver el Atlantis varado y si se podía ver la longitud de ese banco de lodo y piedra para ver la maniobra posterior.

Cuando salimos la proa del Atlantis estaba en el aire y se observaba el agujero que esta en el casco para el motor que ayuda a virar. Al regreso faltaba muy poco para que el agua llegara a la línea de flotación. Con una maniobra bastante precisa, tirando nuevamente un cabo a la costa y cazando de él; logramos sacar el Atlantis de esa posición. Cosa distinta fue intentar levantar el fondeo. Tanto tironeo hizo que el ancla estuviera mas que clavado, y la fuerza del malacate y los tironeo con la estropada del barco no lograran moverla. Entre todos nos mirábamos y nos preguntábamos que hacer. En un último intento y con una dirección distinta logramos zafar y nos fuimos a la Bahía de Balleneros.

Todas estas maniobras previas y el traslado hicieron que termináramos de fondear en nuestro nuevo destino cerca de las 23.15 hs

Nos dispusimos a preparar la cena de la nochebuena. Como el reloj siguió corriendo, tuvimos que alterar el cronograma. A las 00 brindamos por la navidad, luego cenamos. Comimos el pan dulce y ya bastante tarde nos fuimos a dormís

Sábado 25 de diciembre de 2021


Por supuesto que el amanecer, que nunca existe porque siempre es de día, fue mas tarde de lo previsto, por lo cual hicimos en desayuno almuerzo. Lo que a todos nos ocurre con esto del cambio, con 24 hs de luz, es que nos es muy difícil saber cuando hay que dormir o comer.

Luego de los brindis de la navidad, decidimos salir a explorar las ruinas de la base y la estación ballenera.

Con el Torry armamos el gomón y llevamos a María Sara y María a la costa. Juan decidió quedarse a bordo.

La forma en la cual la gente ballenera trabajó y sobrevivía en la hostilidad de este clima, y en aquella época, para mi es increíble. Fotografiamos todo lo que se pudo. Como la guía de visitantes lo permite recorrimos toda su extensión libremente y al llegar a la punta el Torry decidió subir a la ventana de Neptuno. Esta es una depresión en la altura de la línea del cráter que, por un desprendimiento en alguna época, la hace mas baja. Desde ahí se puede ver hacia el exterior, es decir hacia el mar. Hacia abajo hay dos piletones de mar que se adentra en la roca con aguas verdes. La foto que el Torry le hizo es genial

Luego de eso retornamos al Atlantis, recibimos el pronóstico para los días siguientes y decidimos hacer el cruce del mar de la flota y arribo a Puerto Mikkelsen (isla Trinidad) al día siguiente. Cenamos temprano, sobremesa con amaretto y lemoncelo y a dormir.

Domingo 26 de diciembre de 2021


Diana sonó a las 7:00 horas. Juan que se había despertado unos minutos antes nos levantó a todos. Preparo el desayuno con unos sabrosos huevos revueltos y luego de eso nos vestimos para hacer todas las maniobras en cubierta.

El fondeo se levantó sin problemas y un rato después estábamos deshaciendo el camino de WP para la salida de los Fuelles de Neptuno. Como la condición era muy buena pudimos hacerles muchas fotos a esas moles de piedra. Ya afuera y a una distancia de una milla, María Sara visualiza la imagen de un corazón perfecto por debajo de la ventana de Neptuno, a la derecha de los fuelles. Esa imagen esta dada por sombra y color de la roca. La imagen es la típica que uno pone en los mensajes de WhatsApp. La isla nos despedía simpáticamente.

Nos pusimos proa al viento. Izamos mayor y trinquetilla, poniendo rumbo sur para cruzar el mar de la flota.

El mar nos traía una ola de un metro de la aleta, la distancia a recorrer es de 70 millas hasta puerto Mikkelsen. Como el viento era tan poco nos dimos el gusto de abrir la vela yanki. Poco a poco la distancia se fue achicando y con la alarma del radar empezaron a aparecer los primeros hielos flotantes. La navegación se transformó en algo que requería de mucha atención. Eran muchos los escombros de hielo y por supuesto no todos tienen la magnitud para dar un eco en radar, pero sí pueden ser grandes como para golpear fuerte al Atlantis.

Como es nuestra costumbre ingresamos a puerto Mikkelsen a las 23 hs. Y media hora después estábamos fondeados al lado de un fragmento mediano de iceberg que al rato se dio vuelta y siguió su curso.

Cenamos las ya conocidas “bolsitas” y con los clásicos amaretto y lemoncelo, nos fuimos a dormir

Lunes 27 de diciembre de 2021

La alarma de fondeo sonó a las 7 am. No porque haya garreado, sino porque cambió el sentido de la corriente.  A esa hora esta ingresando al lugar un barco de pasajeros de “Q Expedición”, llamado “Ultramarine”. Al rato se ven que bajan los gomones con pasajeros para visitar el islote norte.

El puerto de Mikkelsen es una bahía que se abre en dirección SE en forma de “C”. en el centro de esta formación cubierta por hielos y nieve, se encuentra el islote. En el habitan pingüinos de barbijo y esta el refugio de la marina argentina que se encuentra cerrado por un candado ARA. (Aunque la tentación fue mucha, no esgrimimos nuestras costumbres aprendidas en Rio Santiago).

Rato después mientras preparábamos el gomón para desembarco y ya sin visitantes del “Ultramarine” el islote, ingresa La goleta “Amazone” a Mikkelsen. Desembarcamos nosotros en dos tandas y durante la segunda ellos también lo hicieron. Eran cerca de 15 rusos que viajaban en ese hermoso barco por el mundo y ahora estaban en la Antártida.

En Mikkelsen hicimos fotos de la fauna, recorrimos muy poco pues no queríamos molestar a los pingüinos y las dimensiones del islote es de 200 x300 mts. aprox.

Salió un vuelo con el Drone para sacarle fotos al Atlantis en el Agua. Esta vez la cámara no se empañó tanto por el frio, y las fotos salieron bastante buenas.

Se almorzaron unas bolsitas de “Sabor de Reyes", y sin nada mas que hacer, decidimos levantar el fondeo y poner rumbo a Caleta Cierva. Eran ya las 17 hs.

Entramos en el Gerlache sin mayores inconvenientes. Los WP que teníamos nos llevaban por una ruta bastante tranquila. Cerca de las 21 hs arribamos a caleta Cierva y nos encontramos nuevamente con nuestros conocidos del Amazone. La caleta se encontraba llena de escombros de hielo. Sobre la ladera de la costa se observaba la base “Primavera”, que por ser una de las temporarias de verano, aún estaba sin gente. Tratamos de hallar un lugar para fondear, pero la costa con hielo nos imposibilitaba acercarnos . La sonda registraba batimetrías de mas de 100m. Los hielos son fácilmente desplazados por el viento. Estos desplazamientos pueden generar que el velero quede atrapado, lo cual además de averías por golpes, implicaría una demora en esperar a que se despeje el área para volver a zarpar.

Sin mas remedio, ni opciones, decidimos continuar hacia puerto Foyn. El pronóstico que habíamos recibido nos decía que habría vientos fuertes a muy fuertes por canalizaciones orográficas en el Gerlache. Al rato de comenzar nuestra travesía recibimos un mensaje de nuestras guardas meteorológicas, recomendándonos que nos guardáramos. El viento sería de proa y nos costaría mucho avanzar.

Martes 28 de diciembre de 2021

Poco a poco el mar fue creciendo en ola, al igual que en viento. Los 25 nudos de frente hacían muy difícil el avance. Al tomar mi guardia a las 04:00 de la mañana, Eolo seguía en aumento y rápidamente llegó a los 35 nudos con olas de 1.5 a 2 metros. El avance era tan penoso que solo pudimos avanzar tres millas náuticas en esas 3 horas. A las 7;00 desperté al Torry. Le pase la guardia explicando la situación. La presencia de hielos complicaba la derrota y las rachas que sacaban al velero de su curso. Era difícil sostener el rumbo. El “Amazone”, que también nos seguía dificultosamente , se pego a la costa, luego se abrió hacia el centro del Gerlache, y cuando casi pega la vuelta, decidió poner rumbo sur, con costa a sotavento. Le daba muy justo para hacer la nueva pierna rumbo a Foyn. El Torry pudo avanzar solo una milla náutica durante las tres horas de su guardia. Al tomar  Juan la posta, decidimos hacer la misma estrategia que el “Amazone”, pero sin estar tan pegados a la costa de sotavento. Con el nuevo rumbo la velocidad fue aumentando y el viento fue disminuyendo. La presencia de tierra e islas desde barlovento lo iba debilitando a Eolo. De una pierna prevista de 6 hs. Tardamos 16 hs en llegar a Foyn. Consumimos más combustible del previsto. Para no estar tan justos de gasoil, deberíamos pedir o conseguir en algún lado. Nuestros nuevos amigos del “Amazone”, nos ayudaron con la maniobra de amarre, sugiriendo un lugar seguro dentro de la locación. El lugar nos daba reparo para todos los cuadrantes de viento y el agua no tenía olas. Puerto Foyn era una antigua estación ballenera, cuyas ruinas la nieve no dejaba ver. Solo se apreciaba los restos de un barco naufragado en ese lugar, donde la mitad de su casco hacia proa vela fuera de agua.

En nuestro contacto con los rusos del "Amazone", le pedimos para comprarle 200 lts de Gasoil y agua. Ellos gustosamente accedieron, aunque luego no quisieron que les paguemos. Daniel, el capitán, dijo que era un regalo; que esto es lo normal en estas latitudes. En agradecimiento les llevamos algunos de los productos mendocinos de abordo. Especial atención le presto a un gin mendocino, de manufactura de la familia Bizet. Por experiencia de reuniones en el “CDH” con la tribu, este producto tiene poco tiempo de sobrevida. Es muy bueno. El ruso tenía buen ojo.

Como el lugar era ideal, pudimos hacer vuelos con el dron desde altura.

Cenamos muy tranquilos después de tanto ajetreo y nos fuimos a dormir.

Dia 29 de diciembre de 2021


                                      

Diana sonó a las 7.00hs. Repasamos los wp para llegar a bahía Paraíso en las cartas náuticas. Para esta nueva pierna no teníamos mayores referencias previas, así que los puntos de la derrota salieron de las cartas náuticas de papel de abordo. El problema de la cartografía antártica es que algunas veces ¡¡la costa está corrida literalmente! Es decir que cuando querés ir al WP este se encuentra sobre la tierra. De todas formas, la navegación seria parte por el gerlache, luego se ingresaría al canal ERRERA (ver video). Desde ahí se entra en un fiordo de glaciares imponentes, donde está puerto Neko, para por último tomar el canal MARINERO que desemboca en el Canal ARGENTINO NORTE llegando a nuestro destino: Bahía Paraíso.

De todo lo que hemos visto en la Antártida, todos coincidimos que el canal Errera fue de lo mas lindo. La meteorología acompañó para que la navegación fuese tranquila. De no haberse dado esta condición, la presencia de mucho hielo en el Gerlache y en el resto del recorrido hubiese sido muy dificultosa. En el canal Errera se encontraban dos buques de pasajeros. Uno de ellos había bajado a turistas a remar en kayak dobles, bajo la atenta supervisión de dos gomones. El segundo buque estaba un poco más adelante. Lo consultamos para ver la factibilidad de cruce, dado que el hielo era mucho. La respuesta fue que por nuestro porte (chico) no tendríamos problema en cruzar. Con mucho sol, con el drone en el cielo, fuimos navegando lentamente esas aguas esquivando los hielos que iban desde pequeños escombros a témpanos más grandes que nuestro velero. Los glaciares que caían sobre la costa daban una imagen imponente al cuadro general. Al llegar al fiordo de Neko, observamos el destino que salteábamos por cuestiones de tiempo, pero no sin dejar de apreciar lo imponente de esos glaciares que le hacen de pilares a cada lado, al mencionado puerto.

Al ingreso al canal Marinero, sobre el islote Pingüino, a nuestro babor nos encontramos con la base meteorológica chilena Pte. González Videla. Escuchamos conversación de VHF por el canal 14, donde nuestro AIS les indicaba nuestra presencia. El numero del MMSI que identifica en sus tres primeros dígitos a la embarcación como argentina, hizo quizás, que no quisieran comunicarse con nosotros. Y nosotros, quizás por miedo a recibir otra negativa, no solicitamos poder visitarlos.

La entrada a Bahía Paraíso también fue imponente. Se ingresa por dos canales, uno norte y otro sur. Está enmarcada entre montañas cubiertas de nieve y glaciares. Al fondo del saco se encuentra la base científica argentina Alte. Brown. Es llamativo como en el plóter aparecían no menos de 6 señales fijas AIS alrededor de ella. Por supuesto todas puestas por chile, y si uno supiera las marcaciones o enfilaciones correspondientes, nos hubieran servido de ayuda a la navegación. Da una gran pena ver como la presencia argentina, en muchos lugares antárticos  se encuentras deshabitados  sobre final de diciembre, y no así los de otros países que llegan hasta del otro lado del Ecuador. Los motivos de esta demora en la campaña antártica me son conocidos, pero no me explayare al respecto, ya que no es mi intención polemizar.


Al llegar a la base Brown, fondeamos frente a ella. Armamos el gomón y salimos a explorar dos posibles lugares de fondeo que nos era conocidos. Todo el fondo de la bahía estaba cubierto de hielos en escombros y témpanos. La caleta que se encuentra a la izquierda de la península, sobre la cual se asienta la base, tiene un acceso difícil por el calado. Llegar a ese lugar con el barco, significaba intentar pasar por hielo que se había acumulado, con alta densidad sobre el curso de acceso a la caleta. Al ir a explorar el fondeadero del lado derecho de la península, nos pareció muy abierto y poco reparado. La decisión fue quedarnos donde estábamos y al día siguiente zarpar. El fondeo no había hecho un buen agarre. Durante la cena el viento que raramente es del Este, empezó a sacar los hielos de ese saco izquierdo a la base. La deriva hacía que vinieran sobre nuestro lugar de fondeo, y algunos de dimensiones considerables nos golpearan. Por radio recibimos el llamado del HMS “Protector” que, de patrulla por el Gerlache, nos había detectado por el AIS y nos ofrecía el pronóstico meteorológico y la situación de hielo. Su mensaje no era muy alentador. Nos decía que para el 31 se avecinaba un temporal y que la zona del estrecho de Neumayer y Lockroy había mucho hielo con un canal que interpretamos como Lemaire o algo así (había mucho “QRM” = ruido de fritura) tenía una densidad de hielo de 10/10. En el AIS detectamos el “Ocean Tramp”. En comunicación por radio nos enteramos que ellos venían del Neumayer y nos comunicaban también que Lockroy estaba lleno de hielo.

No hizo falta más, que otro hielo de dimensiones considerables nos golpeara el casco, para que con un panorama como el que pintaba, decidiéramos partir de ese lugar, dejando la escala de Lockroy y la navegación por el Neumayer fuera de programa.  

La posibilidad que la pasáramos mal el 31 de diciembre y el 1º de enero, hicieron que la decisión fuera partir hacia las islas Melchior. 

Tratar de refugiarnos en la caleta de la izquierda, que tenía ya menos hielo por la migración de hielo hacia nosotros, nos ponía en el riesgo que, después del temporal, no pidiéramos salir por estar tapada nuevamente. Habíamos leído relatos de algún navegante que tuvo que espera días para poder salir.

La máxima latitud alcanzada iba ser en la que estábamos: 64º 53,500´Sur. pisamos continente antartico. Mas que satisfecho estábamos con lo que la Antártida nos había dejado ver. En el curso NAVANTAR (de navegación antártica) solían decir que a la Antártida se entra con una ventana, se hace lo que hay que hacer lo más rápido posible y siempre a buen resguardo, para poder salir nuevamente con ventana favorable. Eso es lo que hicimos.

Levantamos fondeo. Cargamos wp en el plóter para el archipiélago Melchior levantamos el ancla y esquivando témpanos y escombros de hielo salimos por el canal argentino Norte nuevamente, a visitar el canal Gerlache.

Jueves 30 de diciembre de 2021.


Al inicio del día, cuya luz nunca se fue, nos encontramos navegando por las aguas del Gerlache. A la 03:00 le tomo la guardia a Juan. Ya desde la conejera había percibido que la cosa estaba picada por olas y el ruido de un tempano chocando contra el casco nos había despertado. Al subir a la timonera Juan me mira y me dice: - “vos podés creer que tenemos 25 nudos de jeta?”. Me cuenta del incidente del choque contra el hielo. La formación de corderitos en las crestas de las olas y la ondulación del hielo por estas, hacia difícil identificarlos, tanto por la vista como por el radar. Durante esa guardia no me senté. Estaba parado tratando de mirar por encima de las olas y distinguir toda mancha blanca, para descifrar de qué se trataba.

El viento rotó del SE hacia el E, cosa que hizo que la navegación fuera un poco menos lenta. Poco a poco la intensidad fue bajando, y a las 5.45 estábamos dejando el ultimo WP del Gerlache para poner rumbo dentro del canal que nos llevaría a las Melchior. Despierto a Torry para la guardia dejando la derrota a 18 millas náuticas del fondeadero donde nos dirigíamos.

A las 11 de la mañana y después de pasar por unos cuantos canales, dentro del archipiélago de islas que conforman Melchior, fondeamos. El lugar es reducido, bien guarecido de cualquier cuadrante de viento. Las laderas de las islas entre las que nos encontramos están cubiertas de hielo. El lugar se llama canal Murature. En él hay una pequeña caleta en la cual pudimos desplegar dos cabos en forma de bigote de gato por popa.

Como el viento es nulo, pudimos hacer vuelo de dron. Las imágenes desde el aire del conjunto de pequeñas islas son espectaculares. Parece un pequeño delta en el medio del mar con un montón de islotes cubiertos de nieve. No se me ocurre mejor lugar que este para despedir el año y recibir al que viene.

Mientras tanto, aguardamos la ventana para el cruce del Drake.


Viernes 31 de enero de 2021

El día fue muy tranquilo y relajado. Las actividades fueron hacer un poco de orden interno en el barco, limpiando y acomodando todo. Recuento de provisiones. Lamentamos la ausencia de algunas galletitas que se habían consumido. Ya no había más. ¡las Pepas! Una desgracia su falta.

Por suerte las provisiones para los festejos de fin de año habían sido bien calculadas y estipuladas. Pusimos a enfriar el champagne, María Th. a la tarde comenzó con la cocción de un brownie, consumiendo la última ración de chocolate que era específicamente reservada para tal efecto. A eso de las 21 hs comencé con los preparativos de la cena. Como las pizzas habían tenido una muy buena aceptación abordo, se había decidido que ese sería el menú. Esta vez no fue de harina integral sino de harina común. Salió un medio metro mitad cuatro quesos, mitad calabresa, al estilo uruguayo. Pizzas de masa gruesa. Luego vino el postre donde María se volvió a lucir. Y ya sobre el final del año fui a buscar a la popa, la botella del Cava “Viudas Seguras” que Francisco Portillo, practicante de mi guardia e hijo de una pediatra amiga, me había regalado para este viaje. In situ le hicimos el video de agradecimiento, sacando la botella que se estaba enfriando en el mar, rodeada de todos los escombros de hielo.

Llegaron las doce, brindamos, todos dejamos registrados nuestros deseos y agradecimientos en un video de celular…. La verdad que nos sentimos unos bendecidos de estar en el momento y lugar en el que nos encontrábamos.

Sábado 1 de enero de 2022

La circunstancia que la crecida de la marea hiciera que se zafara unos de los cabos de amarre, obligaron a que nos tuviéramos que subir nuevamente al gomón. No habíamos terminado de brindar y la Antártida hace que le prestemos atención a los detalles, más cuando esperábamos un temporal. Probablemente sería suave ahí adentro del canal Murature, pero siempre hay que estar preparados para lo peor.

Como la luz nunca se va, y el hecho que fuese la 1:15 no nos amedrentaba, fuimos en tanda a visitar una colonia de focas, que se encontraba a unos 400 metros de distancia, sobre una plataforma de mar congelado en el canal de entre dos islas. Ellas ni se inmutaron por nuestra mirada desde el gomón y mucho menos por el cambio de año.

Sin mas que hacer y muy felices todos nos fuimos a dormir.

El despertar nos encontró con una intensa nevada que había llenado la cubierta del Atlantis de 10 cm de nieve bastante compacta. Después de las fotos de rigor Juan y María Th. salieron a despejar la cubierta por miedo que más acumulación y peso cambiara alguna situación de equilibrio o flotabilidad del barco. Al sacudir las velas enrolladas de proa la cantidad de bolas de nieve que caían de estas nos se podían creer. La acumulación era importante.

Luego de eso el día transcurrió entre juegos de cartas con las quejas alternadas del Torry y María, ante la sospecha de jugadas poco honrosas en los partidos de truco o escoba del 15.

No faltaron el cruce de innumerables mensajes de buenos deseos de innumerables familiares y amigos, a través del "In Reach" de Garmin (localizador/mensajeador de texto satelital). Lamentablemente nunca logramos que el teléfono satelital se conectara a la red Iridium, y esto no fue solo desde la Antártida. Ya a la altura de Isla de los Estados nunca más logramos conectarlo. Desgracias de habitar el lado Sur del planeta.

El resto del día transcurrió escuchando música, recordando épocas a partir de lo que con ella se evocaba, alguna película en el viejo DVD portátil y por último unos fideos tipo pennes con salsa de tomate y ajo, cocinados por el Torry. ¡Muy rico!!

Como el lemoncelo y el amaretto, también habían llegado a su fin, nos tuvimos que conformar con un single malt con hielo antártico. ¡¡Qué manera de sufrir la nuestra!!

Muy contentos nos fuimos a dormir con la noticia de que el día 3 de enero, quizás, tendríamos la ventana adecuada para cruzar el Drake y volver a Ushuaia.

Domingo 2 de enero de 2022

El oleaje producido por el desprendimiento de un bloque de hielo de la pared norte del Murature hizo que el Atlantis se tambaleara ostensiblemente. No obstante, nadie se asustó y todos seguimos durmiendo hasta altas horas, cerca del mediodía.

El día fue muy templado, lo que permitió que pudiéramos contemplar pequeños desprendimientos de hielo desde el cockpit del Atlantis. Como no era necesario mucho abrigo, empezamos con un tecito de desayuno y terminamos con una picada con cerveza para el almuerzo sin movernos de afuera. Ese día vinieron nuestros amigos rusos de la goleta "Amazone" a saludarnos. Nos contaron que festejaron el fin de año en la base chilena presidente González Videla. Según sus relatos había bastante alcohol por esos lugares. Ellos estaban en un canal muy próximo al nuestro junto a otro velero y se hablaban por VHF en ruso.

Los mensajes referentes a la meteorología confirman con mayor certeza, la ventana meteorológica para el cruce del Drake. Si Dios quiere mañana por la mañana, podremos zarpar. Mientras tanto el día sigue trascurriendo con lectura, música, películas, y en mi caso completando las líneas de este blog.

Lunes 3 de enero 2022

A las 00 hs del día nos levantamos y comenzamos a hacer todos los preparativos referentes a la zarpada. La luz del sol apenas se ponía por el horizonte, así que con ese atardecer de medianoche empezábamos a dejar la Antártida.

Lo primero que hicimos fue liberar los dos cabos de costa que nos sujetaban por popa. Luego de enrollarlos y dejar eso listo sacamos el motor del gomón, lo estibamos en su lugar, para luego llevar a bordo el propio gomón, desinflarlo, doblarlo y, por último, estibarlo dentro del Atlantis.

Como siempre mantuvimos los roles, Juan fue al ancla, maría Sara acomodaba la cadena en su caja, Torry en la caña del timón, María repitiendo los mensajes de uno y potro lado para que nos entendiéramos y yo manejando el telégrafo (maquinas) y el “Booth truster” (motor de proa que hace que esta se mueva a un lado u otro)

El ancla subió sin problemas, quedamos liberados y empezamos a navegar esos canales entre islas que tiene Melchior. Es muy bonito ver todas las laderas de esas pequeñas islas e islotes cubierto de hielo, mientras uno recorre esos canales estrechos.

En el interín y ya próximos a la salida, la maniobra que nos quedaba era la de bajar el quillote.

El Atlantis tiene un calado variable, pues cuenta con un quillote lastrado de 2,5 toneladas. Cuando esta izado completamente el calado es de un metro y en la última posición, la quinta. El calado es de 3,75. En cualquiera de esas posiciones se puede colocar un perno de generosas dimensiones, que traba cualquier movimiento ascendente o descendente. Esto ultimo es importante ante la eventualidad de una vuelta de campana (patas para arriba), ya que lo sostiene en alto y facilita que el velero vuelva a su posición original. El quillote bajo aleja en centro de gravedad, poniéndolo aún más por debajo del centro empuje. En resumen, más abajo es más estable.

Toda esta explicación previa, viene a cuento que la tranquilidad de esos canales de Melchior, se vio interrumpida por un percance en la maniobra de descenso del quillote y colocación del perno de seguridad.

Al intentar bajar el quillote se escucha un ruido parecido al que suena cuando este golpea contra algo. Juan dice: - “sonamos, se rompió el aparejo del quillote” una de las poleas del aparejo zafó de su motón, volando por los aires, para nunca más aparecer, dejando caer el quillote. Ese fue el ruido que se escuchó.

La posición en la que quedo era entre 2 y 3. Algo así como 2,20 metros de calado. El orificio del perno para la traba había quedado corrido. No se podía fijar. Después de algunas ideas e intentos fallidos que dañaron el cable, asumimos que esa iba a ser nuestra condición y seguimos con rumbo norte.

El día transcurrió con una navegación favorable vientos del SO de 25 nudos con ola baja. Ese día recorrimos 140 millas náuticas. Nada mal.

Martes 4 de enero del 2022

El pronóstico de nuestros asesores meteorológicos, nos decía que ese día tendríamos vientos fuertes a muy fuerte, con periodos de temporal del SO con ola de 3 a 4 metros.

Si bien la condición pintaba violenta, no era tan desfavorable pues el viento desde esa dirección era bien franco para el rumbo norte que llevábamos.

La condición de velas para ese día fue de mayor con 4 rizos y trinquetilla.

Los pronósticos no fallaron (¡como siempre se cumplieron!) y lo pronosticado se cumplió. La ola que venía por momentos un poco cruzada, empezó a generar rolido en el barco. Algún tripulante, como era de esperar, empezó a sentir los efectos del mal de mar.

El incremento de ola a 4 metros y viento superior a las 40 nudos, sostenido en 35 en forma constante, se empezó a sentir en la navegación obligándonos a derivar, para tomar las fuerzas que nos embestían más de la aleta de babor.

Estando yo en la conejera, descansando entre guardias, siento un fuerte estrépito que pega contra el casco. El Atlantis empieza a acostarse hacia la banda en una tumbada que parecía interminable e inevitable. Como en cámara lenta me doy cuenta que de estar apoyado sobre el colchón, mi cuerpo se encontraba contra la banda del casco. Un montón de ruidos de caídas de cosas retumbó por todos lados.

Gracias a Dios, el barco volvió a la verticalidad. María Sara después de juntar todos los trastos caídos de la cocina, va a proa y nos dice que las cosas del taller estaban desparramadas por todos lados y que se había “volado” todo. Juan me cuenta que eso había sido “la ola” y no la racha de viento para el Atlantis.

Ese día navegamos a velocidades de 9 nudos, llegando en las barrenadas a los 11,5 nudos.

Ese día también el Drake nos llevo uno de los salvavidas circulares de popa.

La singladura de ese día nos daba unas 165 millas recorridas. Todo un récord. Más de la mitad del Drake en dos días. El Atlantis seguía guapeándola como siempre.

Miércoles 5 de enero de 2022

La previsión meteorológica nos decía que íbamos a tener vientos del oeste, por momentos de 25 nudos para luego ir disminuyendo.

Obviamente se cumplió en intensidad y horario. Al llegar a menos de los 20 nudos del viento, guardamos la trinquetilla, y desplegamos el yanki en toda su extensión. Las velocidades alcanzadas por el Atlantis estaban bien. Rondaba los 6 nudos. La ola había bajado mucho y la navegación fue tranquila. Ese día salimos de las latitudes 60 (“Los Rugientes"), pero no así de los efectos de don Sir Francis.

Hicimos 120 millas y ya nos quedaban solo 100 millas para alcanzar el Cabo de Hornos. La distancia desde Melchior a ese lugar era de 518 MN.

Jueves 6 de enero de 2022

El pronóstico nos decía que íbamos a tener vientos moderados de NE y E durante la mañana y que después del mediodía iba rotar al O incrementándose a fuertes, muy fuertes y temporal.

Durante la mañana, el viento del este permitió poner el yanki durante un buen rato. Ya cerca del mediodía y con la rotación cambiamos a trinquetilla, dejando la mayor siempre con 4 rizos. El Drake enojado, no es un lugar para estar subiendo y bajando paño desde el palo mayor.

Con el transcurrir de la tarde el viento de 17 nudos creció a 25… luego a 35. Para las 18 hs le tomo la Guardia al Torry, que ya había derivado la proa hacia el Este, por el incremento de la altura de ola. Esa condición duró una hora más. Nos faltaban 20 millas para salir del Drake.

Sir Francis, al parecer, nos había tomado cariño. Temperamental como es él, decidió despedirse a todo trapo. Durante más de una hora nos entretuvo con olas de 4.5 metros y arriba de 40 nudos. Llegamos a tener 45 en forma sostenida. Toda esta muestra de cariño, nos obligo a correr el temporal, tan bien pronosticado por nuestros ángeles de la guarda.

Hacia el final, y a modo de palmadita de despedida, una ola cruzada, volvió a acostar el barco sobre estribor. El agua de la línea de flotación llegó hasta cubrir las ventanas de la carroza. Esta vez no se escuchó tanto cambalache, ya que en la cocina no había nada suelto y en la proa las herramientas caídas seguían aun sobre la banda escorada desde la vez pasada.

Esa palmada fue lo ultimo del Sir. Al ponernos al este de la Isla Decit, el socaire de ésta aplacó un poco la intensidad del viento y la altura de la ola.

Un rato antes, el control de tráfico chileno del Cabo de Hornos, nos pregunta las cosas de rigor. Origen, destino, ETA. En el medio de semejante cambalache, le dije que no podía precisarle, que mi intención era ponerme al socaire de Decit. Le pregunto sobre el parte meteorológico y me informa que la condición imperante en ese momento duraría hasta las tres de la mañana.

Con 30 nudos y ola de dos metros le dejo la guardia Juan a las 21 hs. Ya estaba todo tranquilo. Y pensar que en el Rio de la Plata con esa condición, uno se queda guardado. Lo que son las perspectivas.

Viernes 7 de enero de 2022.

Juan le entrega la guardia al Torry. Durante sus tres horas se mantuvo con rumbo 315 al socaire de las islas Wollastron a medida que fueron apareciendo. No queríamos encarar la bahía de Nassau, por ser abierta y los vientos se seguían sosteniendo (si, es igual a la de Bahamas en el Caribe, pero un poco mas fría. Cosa de Drake cuando estuvo por estas aguas).

Mientras Juan Th. y Torry reponían combustible en el tanque de servicio, el control chileno nos llama directamente, ya que nuestra emisión de señal de AIS nos hace visibles con todos nuestros datos para cualquiera.

Interrogados sobre nuestras intenciones de rumbo y explicándole la situación meteorológica que nos habían informado, el operador consulta a la capitanía de Williams**. Ésta nos da dos opciones, o que fondeemos en una caleta de las Wollastron próxima, pero al oeste con el viento de jeta, o que desviemos nuestro rumbo para navegar por aguas argentinas al este de la Isla Nueva. Nuevamente, chile ejerciendo su soberanía, nos negaba el “paso inocente” por el pasaje Gore y Picton. Con una sensación encontrada, Juan decide optar por la segunda de las opciones. Más tarde otro llamado desde la isla Lennox nos pide que informemos el QTH, ya que no recibían nuestro AIS y que por favor lo prendiéramos. Nunca lo apagamos, solo que la distancia a la cual nos encontrábamos, hacia que la señal de VHF por la que se trasmite, no fuera recibida por ellos. Ya en mi guardia y una hora más tarde, le pregunté al operador chileno si nos recibía la señal del AIS, que seguramente fue por distancia su no recepción, y que siempre estuvo prendido. Por algo contestamos a todos sus llamados.

Al momento de escribir esto son las 5 de la mañana, hace rato que salió el sol. Falta muy poco para entrar en el Beagle y lo único que quiero es pegarme una ducha.

Por si algún lector incauto no lo percibió, durante todos estos días de travesía, nadie se pudo duchar. Se preguntará por los olores: regularmente fueron lavado con toallitas húmedas. Cosas de la náutica, ¡¿vió?!

 

Nota: ** no confundirse con el capitán de los Williams: afamado club de rugby que nada tiene que ver con esto.

Comentarios

Entradas populares de este blog

La meteorología

Altas Latitudes. Navegando los 80.

La entrada en los “50 Rugientes” y los tratos con Dionisio