La entrada en los “50 Rugientes” y los tratos con Dionisio
La Salida de San Julián fue con un viento del orden de los 25 nudos. De ahí para el Sur iba a ser nuestra predicción meteorológica. Al principio bien del NNO para luego ir rotando más al sector O.
Ni bien dejamos
el canal de acceso y el banco Ferreyra, un grupo de toninas Overas y de las
grises, comenzaron a festejar nuestro regreso al mar. No era para menos. El
motor funcionaba sin la más mínima fuga, todos estábamos deseosos de llegar a Isla
de los Estados y empezar a navegar estas aguas más australes.
El viento tan de
popa y la geografía de la costa que se abría hacia el este, hizo que eligiéramos
la aleta de babor para recibir el viento aparente, evitando los riesgos de
trabuchada imprevista. La entrada de la noche hizo que sobre la madrugada demoráramos
la trabuchada prevista y nos alejáramos de la costa. Para el lector no nauta
trabuchar es cambiar el lado desde el cual se recibe el viento, pasando este
por la popa (parte de atrás). Si esto ocurre de manera imprevista, hace que la
vela mayor pase de manera brusca, sino violenta, lo cual puede provocar daños
en la embarcación. Eric Tabarly, quizás el mejor navegante moderno a mi criterio
murió por un golpe en la cabeza de ese pasaje violento de la vela, recibiendo
un golpe de botavara. Si alguno se entusiasma con relatos náuticos, recomiendo
leerlos sus libros en el mítico “Penduick”.
Retomando. El
alejarnos de la costa y la geografía costera de Santa Cruz metiéndose hacia la
cordillera a la altura de su puerto homónimo, hizo que la rotación oeste nos
encontrara a 70 millas de la costa. Tratar de acercarnos con el viento desde
esa dirección, hizo difícil la tarea.
Como habrán notado,
las creencias griegas y la concepción de esa época, donde los seres humanos
estábamos manejados a gusto de los dioses y sus personajes mitológicos, me
sirven para explicar lo que sentimos acá en el Atlantis. Lo cierto es, que en
el mar uno no tiene certezas ni control de nada cuando esta desatado.
Habiendo dejado
las latitudes de Malvinas e ingresando a las latitudes de los 50, el ingreso de
al Estrello de Magallanes a unas 40 millas de Cabo Vírgenes, nos encontró con
vientos de 40 nudos y ola del través. Estoy convencido que al igual que en Rio
Aqueronte, ahí también existe un barquero que cobra su peaje para el paso.
En esa condición
de mar y viento que les describí, se desenrolla parcialmente la parte superior
e inferior del foque, generando un violento guadrapeo donde se rompe la baluma
de esa vela. El estrepito era violento y requirió que todos salieran a cubierta
a colaborar y que tres estuvieran desplazándose por la proa en esas
condiciones. Con mucho esfuerzo se logró acomodar la vela dejándose un pequeño
paño sin enrollar a modo de tormentín alto.
La condición de
vientos superiores a los 35 nudos del oeste se sostuvo hasta que logramos
acercarnos a la costa de Tierra del Fuego. Ahí la ola fue disminuyendo y la
intensidad de “Eolo” también. Para levantar el espíritu y la glucemia de la
tripulación, cocine una piza “mitad y mitad”. Por supuesto que se abrió
la media botella de tinto que había dejado el Torry y le hicimos los festejos a
Dionisio y convidamos con un chorrito a Poseidón. La ausencia del Torry hizo
que las reservas de Champagne y vino del Atlantis no se tocaran.
Este pequeño
ritual hizo que nuestras desventuras meteorológicas desaparecieran y se
abrieran las condiciones favorables. Dionisio es un dios muy importante, y
quien conozca la historia de Alejandro Magno, sabrá que su falta de adoración
hizo que por sus “embrujos” matara a su amigo y mejor general de su ejército. A
partir de ahí siempre le rendimos honores y hasta acá ha dado sus frutos. El
Torry es el Sacerdote Supremo y su ausencia hizo que la deidad se cobrara
nuestro olvido.
La navegación
desde la costa de Tierra del Fuego hasta Isla de los Estados fue muy apacible.
Entramos a la Bahía de San Juan de Salvamento a las 6 de la mañana. Fondeamos y
pusimos dos cabos en bigote de gato. En dos grupos encaramos el ascenso al faro
del Fin del Mundo. Alguien siempre debía quedar a bordo por la posibilidad de
vientos bruscos e imprevistos cosa que es frecuente en estos lugares. Los “williwaws”.
La historia
cuenta que desde el 25 de mayo de 1884 hasta el 1 de octubre de 1902 estuvo
funcionando el faro. Fue testigo de varios naufragios y Julio Verne lo
inmortalizó con su novela en la cual la isla era un refugio de piratas. Lo
notable es la descripción que hace sin haber estado nunca.
Durante mucho
tiempo estuvieron solo las ruinas de ese faro, hasta que en 1998, unos locos
navegantes franceses apoyados por el gobierno de la provincia realizan su
reconstrucción. Desde entonces se ha convertido en una “meca” en el mundo de la
náutica de todas las latitudes.
En todos los
preparativos de esta travesía, he leído infinidad de relatos y me han contado
historias de este lugar. El arribo estaba cargado de una cuota de emoción
importante. El abrir la puerta y encontrarme con eso que solo había visto
parcialmente en fotos, me toco el alma. En el lugar se dejan alimentos, hay un libro
de visitas y sellos para marcar pasaportes, libros o lo que uno desee llevar
para tal fin. Fui en el primer grupo con Nicolas y Pablo y a la Hora del
descenso les pedí que bajaran ellos, ya que quería una foto con Juan en este
lugar. Les pedí un libro para sellar y esperé a los del segundo grupo.
En el interín a
que llegara ese segundo grupo, me quede en la más absoluta soledad en aquella
inmensidad. La sensación de agradecimiento era lo que me afloraba. La reflexión
sobre las cuestiones de la vida cotidiana se imponía, pero aún tengo algo de
pudor en desnudar aquí. También aproveche para volar el drone y tomar fotos y
video del lugar. Mi sorpresa fue que esto atrajo a una serie de aves rapaces de
cabeza colorada. Uno de ellos se confundió mi nave con una presa y casi ocurre
una catástrofe, de no ser que me di cuenta de sus intenciones, haciendo una
maniobra de huida.
Cuando llegaron
Juan, Georgie y Pato, la emoción llego a tope. Nuestro maestro de ceremonias
entono en su armónica algunas melodías de “Dirty old town” acordándonos de la
despedida en “Gluck” y de nuestra tribu de Rio Santiago. Juan trajo el banderín
de nuestra promoción para dejar de presente en el lugar, cosa que es costumbre.
La XXXV Prom. del Liceo Naval Almirante Brown está en el faro del fin del
mundo, en virtud del paso del velero Atlantis por ese lugar.
Por los hechizos
de Dionisio, a Patricio se le ocurrió ir ese mismo día a Puerto Parry. El día
nos preparaba más alegrías y sorpresas. Almorzamos un guiso de lentejas y
abrimos un tinto para festejar el momento, el lugar y la compañía de amigos de
toda la vida. Obviamente que continuamos con el ritual a Dionisio y Poseidón.
La corriente de
marea hizo que rápidamente navegáramos hacia nuestro destino contemplando la
hermosa costa de la isla. Hablando de piratas pasamos por Puerto Cook, que
quedará para otra oportunidad, dejamos la isla Observatorio por estribor y
luego el resto de las islas por babor, para encarar el ingreso a Parry. En ese
lugar está el Destacamento Naval “Comandante Luis Piedra Buena”. La dotación
hace presencia en periodos de 45 días o más. Son 4 integrantes permanentes de
la Armada Argentina. Sin duda su trabajo hace patria y da soberanía a nuestra
nación en ese lugar.
El ingreso
también fue en una condición de marea, mar y viento optimas. Puerto Parry es un
fiordo que se mete en la tierra de la isla con un istmo central que lo divide
en interior y exterior, dando abrigo como fondeadero. Para el pasaje de ese
istmo hay una enfilación de dos balizas sobre el veril de babor.
Comunicación
mediante por canal 16 de VHF, con el TCIM Bitancourd, avisamos nuestro arribo,
nos autorizaron a utilizar el boyón de la Armada en el fondo del saco interior
para el amarre, y con autorización de las autoridades navales de Ushuaia
pudimos desembarcar en el destacamento.
Hicimos unas
tomas con el drone, despegando desde la cubierta del Atlantis. Armamos el gomón
auxiliar y salimos al encuentro del jefe de la dotación que nos estaba
esperando en la costa. Con total naturalidad nos fuimos hermanando entre la
dotación y la tripulación de Atlantis. La charla de las diferentes historias de
vida y las circunstancias de nuestra travesía hicieron el momento muy grato,
acompañado de unas medialunas recién horneadas.
Este momento de
relax pasó a otro de febril. Caza pesca de centolla. Mauro, el teniente a cargo,
hace mención que debajo de la plataforma del helipuerto de noche aparecen
centollas. Ese estimulo fue suficiente para que salieran Nicolas y Georgie a la
caza. Patricio y Pablo los secundaron y llevaron un balde para el deposito de
las capturas. Yo fui a registrar el evento y Juan, como buen capitán se quedó
viendo asuntos de la meteorología, ya que ahí había internet satelital y nos lo
prestaron.
No les puedo
explicar la alegría de mis amigos por la pesca realizada. Nicolas y Georgie en
ese entusiasmo se metían al agua sin reparar en temperatura, ni en lo que se
mojaban para conseguir la cena.
En un abrir y
cerrar de ojos se improvisó una picada de salame y queso, mientras se cocinaban
las centollas. Fuimos a buscar “Nucrem” al velero, para el postre, a pedido de
nuestros anfitriones. A las dos de la mañana en una noche estrellada, sin
viento y sin frio, retornamos al Atlantis despidiéndonos de nuestros nuevos
amigos, que tan amablemente nos recibieron y atendieron. Les deseamos Feliz
Navidad, ya que esa fiesta ellos iban a estar ahí. Agradecidos con el jefe de
la dotación a quien ya he mencionado, como con la Cabo Primero enfermera Judit,
el Cabo Primero electricista Julián y con la Marinera de Primera Ivana. Gracias
Armada Argentina por brindarnos sus instalaciones y hacer “Patria” con el trabajo
en nuestros Mares.
Ese día del
arribo a Isla de los Estados, cumplimos un mes desde nuestra zarpada desde el
Centro Naval de Núñez en Bs. As., y no podría haber sido mejor.
A las 2.30 AM del
2 de diciembre, estábamos zarpando después de un día maravillosos y cargado de
emociones. La meteorología y sobre todo las mareas ayudaban para pasar como
corresponde el famoso estrecho de Lemaire, la bajante en bahía Thetis comenzaba
a las 5 am y para esa hora deberíamos tener que encarar su ingreso. A Las 6 AM
Georgie me pasa la guardia en el ingreso del estrecho. Un Capo. Genial.
La corriente de 2
nudos a favor y la vela Yankee que izamos con Nicolas en la proa, nos hicieron
alcanzar más de 7 nudos de velocidad. El sol sobre la Isla de los Estados en un
mar muy calmo hizo que lleváramos el velero desde el exterior de la cabina. ¡Nada
de frio! Un verdadero placer náutico navegar así.
Al final de la
guardia le pase a Juan el mando sobre el final del pasaje, cerca de Bahía Buen
Suceso, donde reportamos nuestro pasaje a otra dotación de la Armada Argentina
que se encuentra en el extremo de la península Mitre de Tierra del Fuego.
Al momento de escribir esto me encuentro
frente a la Isla Nueva (Chile) por comenzar a remontar el canal de Beagle a 2,5
nudos. El viento es muy cambiante al igual que las condiciones del tiempo. En
un rato pasas de tener algo de viento y sol; a niebla, frio y nada de eolo.
Para mi sorpresa Nicolas me esta haciendo escuchar unos tangos que llenan el
alma.
Todos estos días
sin redes sociales ni conectividad, ha hecho que evoquemos y nos acordemos en
las charlas de nuestros amigos de la tribu, al igual que de nuestras Familias y
seres queridos. Como dice en el Tibet: “Namaste” * a todos
ellos.
*(te llevo en
el corazón)
Mucha suerte en la expedición y no tengo dudas del éxito.
ResponderEliminarTienen dos Meteorólogos súper profesionales como el gordo Cattaneo y Eduardo Teha, tipos muy mecánicos.