Un dia Explosivo
Algunas veces uno
se levanta con la zurda, de siniestra, o con el pie izquierdo. No importa tanto
la expresión, como lo que ocurre en esas jornadas. Es así como no importa lo que
uno haga. Los dioses e
stán en contra. Contra eso no se puede.
Por suerte para el
resto de la tripulación, o no, eso ocurrió cerca de la llegada a MDQ. A pocas
millas. No ser cosas que ese maleficio se contagie o se traslade. Lo que si
resulta casi imposible, es que el entorno no sea “salpicado” por sus
consecuencias. Los dioses suelen ser certeros al momento de disparar, y
no andan tirando con perdigones.
La llegada a MDQ,
como ya les conté, resulto ser cerca del mediodía. Como es bien sabido por
todos los que alguna vez atracamos en ese puerto, el restaurante del YCA,
cuando esta abierto, suele ser la mejor bienvenida. Esta no iba a ser la
excepción para todos… menos unos.
Luego de
acomodarnos en la zona del parque, trayendo sillas para armar la mesa de seis,
nos dispusimos a encargar el pedido. El mozo, un viejo conocido de siempre,
estaba muy atareado tomando pedidos en la mesa de al lado, donde
aproximadamente quince viejos socios del club contaban sus anécdotas y la
estaban pasando bárbaro. Se hizo en conjunto el pedido de unas delicias de mar
fritas, a modo de entrada para todos, y nuestro tripulante somelier fue el
responsable de seleccionar el vino que las acompañara. Hasta acá las brisas y
tiempo acompañaban para la navegación sea placentera.
Realizamos el
pedido cada uno por separado, algunos compartieron plato, pero siempre esta el
perfeccionista que busca lo distinto. Para que las cosas resulten de ese modo,
no hay que escatimar esfuerzos. Se interrogo a quien era el encargado del Resto
en la barra, sobre ese plato que aparecía como “sugerencia del Cheff”, al
llegar el mozo también recibió el exhaustivo interrogatorio sobre las características
del plato. Claro, cuando uno no entiende lo que es ser perfecto, ante la
pregunta de como es la “tortilla de abadejo”, recibirá como respuesta: - “es
como la de papa, pero con abadejo”. Cuanta incomprensión. Pero nuestre
héroe obstinado siguió adelante y encargo dicha sugerencia en el pedido.
El primer
rechinar de espada de nuestro héroe, surge ante el pedido de: “¡maestro!,
nos trae otra” levantando la botella de vino. El mozo se acerca con otra,
ya destapada y de una cepa distinta a la original. Tratando de hacer una
estocada directa al corazón, le dice esta esta bien no la tomamos, pero tráenos
otra como la anterior que a mi me gusta de esa. El mozo contesta evasivamente
para luego reconocer que no tenia mas Malbec. Cinco segundos después se escucha
con el mozo a 2 metros de distancia; este nos está cagando… cuan premonitoria
fue la frase.
Los platos se
fueron poniendo uno a uno en la mesa en forma simultánea, y como mi pedido era
abundante ofrecí a nuestro héroe parte de la ración, para que todos pudiéramos
empezar. No solo empezamos, sino que también terminamos y esa sugerencia del
cheff nunca apareció.
Ante el reclamo
de la falta de sustento para la ingesta, nuestro héroe recibió evasivas
similares a las del vino, hasta que el mozo termina descargando la
responsabilidad en quien hacia la sugerencia: “el Cheff”. Cinco segundos después y con el mozo a igual
distancia que la anterior, se escucha “lo que pasa es que cuando uno se pone
viejo tiene que anotar”.
Es claro que el
horno no estaba para bollos, y todos pasamos con el postre. De los seis, cuatro
pedimos café negro en jarrito, uno nada y nuestro héroe persistiendo es ser un
distinto, se pidió el famoso cortado en jarrito.
Abonamos la
cuenta, perdonamos el error dejando lo usualmente establecido de propina y nos
retiramos al Atlantis a acomodar las cosas, juntar la documentación e ir a la
PNA para hacer el rol de llegada, en caminata y espera digestiva.
La tarde transcurrió
sin sobresaltos, y hasta pudimos hacernos una reparadora siesta. Ya sobre el
ocaso, y con media luz, fuimos juntando las cosas para ese otro ritual sagrado
después de unos días navegando: el duchazo de agua caliente y bien potente. Las
instalaciones del YCA en Mar del Plata, siempre cumplen en ese sentido.
Tres de los tripulantes
del Atlantis me estaban esperando ya sobre la marina, para que yo agarrara
todos mis bártulos y toalla. Al salir observo que uno de los feligreses de la
procesión ya no se encontraba. Me informan que agenciado, y desconociéndose el
motivo, salió primero hacia la Meca. En mis interiores pensé, se adelantó para
elegir la mejor ducha. Es un distinto.
El Atlantis
estaba amarrado al final de la marina, por lo que el peregrinar fue largo y tambaleante
por momentos. Al llegar a tierra trepamos el varadero, nos mandamos por el
costado izquierdo y al llegar al pasillo que lleva a los vestuarios de Damas y
Hombres abrimos la puerta.
Ni bien se
realizaron los primeros pasos, yo que venía cerrando la formación a lo último
me pareció escuchar un grito desgarrador, de esos que tiene toda la carga de la
impotencia ante lo inevitable. Es ahí que escucho un desgarrador “¡NO LLEGUEEE!
Mas desgarrador eran los pedidos para que no pasemos y esperemos. Nuestro guía,
que encabezaba la expedición, no dudo en avanzar y asumir las consecuencias de
semejante enfrentamiento.
El espectáculo
fue DANTESCO. Es así que, como quien escribe no tiene las virtudes literarias
del “Dante”, tratare de hacer una analogía metafórica de este particular
círculos de los infiernos.
Si bien no tengo
instrucción ni ojo para interpretar el expresionismo surrealista, siempre me
pregunte si esas personas que tiran pintura contra el piso o paredes es arte.
Nuestro héroe, el
distinto, también es artista; pero sin pintura de látex o acrílico. Creo que,
con esta descripción, el amigo lector se puede imaginar lo que paso en el piso
y pared de ese establecimiento. A diferencia de los artistas plásticos, este
trataba por todos los medios de restaurar la situación “ad integrum”, sin percibir
el estado en el cual él se encontraba. Terrible fue la situación. Algún cobarde
salió corriendo hacia el baño de mujeres y quien decidió hacerle el aguante,
rápidamente se vio amenazado por el charco de agua sucia que avanzaba hasta su
posición, por el mal drenaje de una de las rejillas.
No tengo que
aclara que las consecuencias para toda la tripulación, fue el dolor de panza.
Para todos por la risa, y para uno, además por el efecto del peristaltismo
aumentado
Tsum Zu, en el Arte
de la Guerra dice que al adversario hay que darle siempre una salida, para
que la batalla no sea a muerte. Acá no haremos la excepción. Todos convenimos
que por ser el distinto que pidió cortado, es muy probable que haya recibido
una dosis extrema "Rapilax". Hasta acá es el relato de ese día,
ya que la anécdota es buena manteniendo el anonimato.
Pintoresco relato para tan excelso nivel de arte plástico en ese óleo cortado en jarrito... jajaja
ResponderEliminarMenos mal que fue Rapilax... y no Lentilax... ya lo veía al distinto detrás del Atlantis al final de una soga de 20 metros pitando el mar! :)