Golfo San Jorge.
El segundo lugar que nos mencionaron era el Golfo San Jorge, equivalente a la Santa Catarina Brasilera, pero en nuestras costas patagónicas. Los otros dos que aun nos restan son el estrecho de Lemaire (entre islas de los Estados y Tierra de Fuego) que siempre hay que cruzarlo con la corriente de marea a favor y nunca con corriente y vientos encontrados, pues levanta muchos escarceos…. (estados de ola caótico, en donde parece que el mar está en ebullición). El cuarto y más importante es el Pasaje de Drake. Espacio de 500 millas náuticas que separan el cabo de Hornos con la primera tierra Antártica. La distancia es grande y el promedio indica que, para la época del año que vamos a cruzar, uno de cada tres día es malo. Por eso la importancia de una elección correcta de una ventana meteorológica adecuada para su cruce. Y ahí nuestros ángeles de la guarda serán más que fundamentales.
Volviendo a esa segunda dificultad ya superada, Eolo y Poseidón estuvieron benévolos con el Atlantis y su tripulación.
Nosotros nos habíamos
“guardado” unos días en la paradisiaca Caleta Horno, dejando que pase un fuerte
y frío vientos de dirección SO. Si nos hubiera agarrado cruzando el golfo, nos
hubiera hecho sacudir un poco. Con la previsión meteorológica precisa
levantamos fondeo y nos liberamos del “cabo de COOK” y de la nueva “Georgie´s
Rock” justo a la media noche, con la marea en ascenso y con el viento rotando hacia
al Este para luego bornear al Norte.
El Atlantis izó vela mayor con dos manos de rizos y puso la vela “yanki” en proa ya que la
intensidad no superaba los 20 nudos al momento de la salida.
Esa primera noche
había mar de fondo por los días ventosos previos, pero el Atlantis navegaba tranquilamente
sin ser exigido.
A las 4 am la
puesta de la luna por el oeste fue digna de ser admirada por los espíritus sensibles
de abordo y una hora después tenemos un amanecer en el mar, que siempre son
distintos y bonitos. El día estuvo soleado y despejado, las ballenas y algunas
toninas nos vinieron a saludar, y por suerte pudimos registrar con las cámaras su
paso… ¡estaban muy cerca!
La intensidad del
viento fue aumentando y de F4 fue subiendo a F5, F6 y en algún momento navegábamos
a 12 nudos con mayor con dos rizos y foque con el viento por la aleta de babor
muy tranquilos, sin ni siquiera tener que usar los trajes de agua. En concreto esa
segunda dificultad a cruzar se hizo en condiciones ideales
Para la madrugada
de la segunda noche veníamos regulando el tiempo, pues nuestro ingreso a Puerto
Deseado debía ser al mediodía para entrar en la estoa de la pleamar. A las 01:30
estábamos ya con poco viento (F2), navegando a menos de 2 nudos, y cuando tome
la guardia decidí prender el motor para asegurar la llegada.
Lo primero que
note es que el tacómetro no marcaba las revoluciones a las cuales giraba el motor.
Al rato, Quico se da cuenta que aleatoriamente el tacómetro marcaba durante
unos segundos, para luego caer la aguja a cero. Sin sospechar ninguno de los
dos el porque de tan extraño comportamiento.
Unos minutos después
se escucha el clásico rechinar de una correa que patinaba. Igual que como se
escucha en los autos. Ante ese nuevo “síntoma”, decido ir a ver si por la banda
salía agua junto con el escape, lo cual asegura una adecuada refrigeración del motor.
Compruebo que esto es así.
No obstante,
tomamos la decisión de sacar las tapas de mamparos, para observar el motor en directo.
La sorpresa fue grande cuando vimos brotar abundante agua de mar por una de las
tapas frontales del intercambiador de calor del “Vetus”. Automáticamente cortamos
maquinas, dedujimos que la falla del tacómetro era por algún contacto mojado, y
despertamos a Juan en su carácter de Armador y Capitán.
Para eso de las 5
de la mañana teníamos construido un nuevo oring, improvisado a partir de una cubierta
de bicicleta; rectificada la tapa plástica con el mini torno Dremel, que se
hallaba un poco revirada; y con un sellador para altas temperaturas, logramos
reducir el caudal de agua perdida del circuito externo que toma agua de mar, a
solo un mínimo hilito de agua.
Se tuvo que
trabajar toda la noche. Por suerte el viento repunto y la dotación más “trimer”
(Georgie y Quico) llevaron magistralmente el velero para estar en el punto
previsto a las 11.30 hs. justo para encarar las enfilaciones necesarias para el
ingreso a puerto.
El ingreso se
hizo con la ayuda del motor. La coordinación de maniobras y pescado de la boya
tuvo una precisión suiza, lo que habla del grado de entendimiento marinero que
hemos desarrollado en todo este tiempo.
A nuestro ingreso
nos estaba esperando Ariel Juanto. Nuestro nuevo amigo local, que, con una generosidad
enorme, nos hizo el contacto con el club náutico, nos asistió en todo lo que necesitábamos
y estuvo para nuestra asistencia para tramites en la PNA y traslados.
El ansiado
almuerzo de llegada con la consiguiente ducha, lo gestiono Fernando del náutico,
en el restaurante y Club de Paleta de Pto. Deseado.
En este punto de
la travesía, Quico, el mejor chef de abordo hasta acá, nos deja para retomar sus
actividades en Buenos Aires. La vara la dejó muy alta como marino y cocinero.
Para contar y
seguir agradeciendo, Francisco “Pancho” Romero, guía de pesca local, nos regaló
un balde lleno de pejerreyes, que sirvieron para que Quico se luciera una vez más.
En este puerto, se
incorpora como nuevo integrante del Atlantis para la siguiente pierna, Matías Córdoba
Andrada, otro experto velerista, que si bien no fue integrante de ese famoso J24 llamado “Fair Play” que
comandaba por Pierre Nodoyuna (Juan Th.); es amigo de Juan de la Facultad.
También hay que
agradecer a Eduardo Carnota, de la Fundación “Conociendo Nuestra Casa” que nos asistió
con mucho de nuestra necesidad y nos ayudó en todo cuanto pudo.
La visita al
Museo Brozosky, donde esta expuesto todo el material encontrado del naufragio
de la Corbeta Inglesa “Swift” y lo referente a su hallazgo, fue una cita
obligada y que nos habían recomendado muchos nautas amigos.
Pancho, el guía de
pesca, hizo otra recomendación extraordinaria y el domingo 21de noviembre, la tripulación
del Atlantis terminó degustando corderos patagónicos al asador, en un concurso
para elegir al mejor asador de Makamenke.
En esta y en el
museo no estuve… pero esa es otra historia que quiero contar.
Hoy 22 de
noviembre el Atlantis aguarda la pleamar para soltar amarras de Pto. Deseado
rumbo a San Julian. Sopla cerca de 34 nudos, y esperamos que amaine para el mediodía
y se preste un poco ya que esta desde SSO. (210º)
Gracias por los elogios, Francho!!! Fue un placer enorme vivir la experiencia siendo parte de la tripulación del Atlantis,y también revivirla en tus vívidos relatos, que transportan al lector al lugar de los hechos. Abrazo!!
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